img_4938Por fin se acaba este año. Sin duda el más duro de mi vida. Y eso que solo van 42. Supongo que no sea la única vez ni la última que pase algo difícil . Pero en definitivo, el golpe más bajo que me haya tocado superar.

Es muy fácil cuando las cosas van bien. Todo se ve con otra luz, y aceptamos la voluntad de Dios. Total, eso dice el Padre Nuestro. Y en verdad su voluntad y la nuestra han sido más o menos la misma siempre.

Esta vez a simple vista parecía únicamente que las cosas no iban muy bien, pero en verdad quien se iba a imaginar que iban TAN mal.

Nos movieron el tapete en el que estábamos parados siempre tan tranquilos. Siempre dando gracias por tantas bendiciones y tan contentitos. Lo que pasó es que no solo nos movieron el tapete…. se lo llevaron, lo hicieron pedacitos y luego lo aventaron por un precipicio. O por lo menos así me parecía a mí. ¿Como te vuelves a parar si no hay tapete?

Los días se tornaron en simples trámites que había que sobrevivir cada amanecer. Se volvió en un sacar la casta todos los días y llorar las penas todas las noches.

Recurrí a quien ya sabía que tenía que recurrir. Al que tantas veces le dí gracias o pedí cosas que yo creía que eran relevantes. Durante todo el año, todas las mañanas sin falta, me encontré con Él. Jamás había ido diariamente a encontrarme con el Santísimo Sacramento.¿Con que fin? Misa, comunión, dirección espiritual y tan tan. ¿Era realmente necesaria aún más “devoción”?

Los primeros días pedía ayuda para salir adelante, luego pedía por un milagro (aunque fuera uno chiquito porfavor), después pedía para Él me hiciera ver porque tanta angustia… y luego más bien me preguntaba ¿para que? Quería que me abriera los ojos y me hiciera ver. Que me hiciera ver YA en ese instante. ¿Entregarme por completo a Él? ¿Como para que? Yo estaba convencida de que Dios me dio una cabeza pensante para usarla y encontrar yo solita la solución. Intenté a toda costa que mis fuerzas, mi intelecto y mi capacidad me sacaran adelante.
El siguiente paso fue enojarme. Enojarme porque no tenía sentido tanto dolor. Enojarme porque la tristeza me cegó por unos momentos. Enojarme porque mi voluntad y la de Dios eran diametralmente opuestas. De pronto el rezar el “hágase tu voluntad” se volvió algo hipócrita de mi parte. Yo quería mi voluntad porque la suya me estaba doliendo mucho.

Pasaron los meses y decidí callarme. Deje de pedir y rogar y exigir una respuesta. Solamente iba y me sentaba exhausta emocionalmente frente Él. Pasaban los días y yo solo me sentaba ahí sin pensar nada, ya con lagrimas secas. Dicen que si te callas, es cuando empiezas a escuchar…. Me di cuenta que jamás estuve sola. Que mis tiempos y mis fuerzas y mi lucha eran en vano si no confiaba ciegamente. Me puede apenar admitirlo, pero así fue. Cuando ya de plano no hubo más de donde agarrarse… justo hasta ese momento supe lo que en verdad es confiar ciegamente.

Si fue el año más duro pero en muchos sentidos fue el mejor. Nos dimos cuenta de tantísimo. Aprendí que venga lo que venga, es porque así está planeado. Que yo tengo que confiar. Hoy agradezco lo bueno que me pasa y lo que no parezca tan bueno, también. Nos dimos cuenta como cada cosa se iba poniendo en orden, el camino se iba enderezando. Aveces parecía que dábamos un brinco gigante hacia atrás pero en verdad era parte de la solución. Me siento tremendamente orgullosa de como la otra mitad de mi equipo supo manejar la situación siempre de cara a Dios. Y la paz de saber que al menos podíamos encontrar refugio el uno en el otro en los momentos de crisis.

Hoy doy las gracias porque ya veo con claridad, gracias por aprender a no darle importancia a lo que no lo tiene, gracias porqué reafirmamos una vez más que la familia es lo más valioso y el pilar que te mantiene fuerte y con la cabeza en alto. GRACIAS, GRACIAS Y MIL VECES GRACIAS por permitirnos tener amigos que no nos soltaron de la mano nunca, que estuvieron presentes en lo más duro y por prestarnos su “tapete” sin pensarlo dos veces mientras nosotros armábamos los pedacitos del nuestro.

Pero sobre todo, gracias a Dios por hacerme ver. Porque fue en verdad Él quien nos hizo salir adelante. Por hacerme saber que alomejor yo jamás voy a entender muchas cosas. Lo que importa es que ahora me basta con que lo entienda Él.

Ahora sí, que venga el siguiente año. Seguro nos va mejor que este. Si alguien nos quiere mover el tapete, primero lo hago rollito y lo uso de bate…. pero de que se queda, se queda.

Good night.
T.Armenta