img_4074Todos los años, sin excepción, grincheo. Del verbo grinchear. Derivado del latín: Mono verde que odia la Navidad.

Cada Navidad es más intenso el sentimiento que la anterior. Por más que procuro respirar profundo y tratar de no dejarme influenciar por el ajetreo decembrino, siempre caigo. Soy presa fácil. ¿O de carácter difícil? Da lo mismo. Somos esclavos de la Navidad y no nos hemos dado cuenta. Por lo menos en mi pueblo y en mi ahora.

Empezando por las decoraciones. Antes el pino y los adornos se ponían en familia y en diciembre. Ahora el dichoso pino tiene que ser el más bonito, pomposo, extravagante y ostentoso del país… del continente…. del hemisferio. PUNTO. Y entre más rápido subas la foto a las redes, mejor. Así tu pino será admirado (o envidiado) por las masas. Recuerda, somos esclavos de la época. Si tú pino está “más o menitos”, simplemente no mereces vivir. A la guillotina.

Sigamos con nuestro estatus de papás. Hemos llegado a extremos fuera de los límites de esta galaxia para conseguir el juguete en turno más cotizado y codiciado por la criatura. No importa el precio, no importa dónde, no importa cómo, no importa nada. Ni siquiera importa saber de antemano que muy pronto el juguete va a estar arrumbado. Lo único que importa es que el viejo panzón quede bien.

Empiezan las fiestas, compras, festivales, intercambios y posadas. Comenzamos a amanecer cada vez más cansados, con la paciencia más corta y grincheando (si, del verbo grinchear) por cosas insignificantes. Para cuando llega la nochebuena, ya estamos todos gordos, ojerosos, cansados y sin ilusiones (como dijo Oscar).

Y si por casualidad, alguna noche de diciembre logramos descansar, ya con la luz apagada y por fin tranquilos…. ¡Zaz! Algo nos hace abrir los ojos como canicas y se nos para el corazón: ¡El duende! Oh rayos. ¿Y ahora que? Ya ni Pinterest podrá salvarnos. Nos hemos convertido en sus esclavos. Si, esclavos de la Navidad. Seamos sinceros. Después de tres años, ¿A quien no le ha pasado por la cabeza regresarlo directito al Polo Norte? En un cohete. De pólvora. Pum.

¿Donde quedó la escencia y verdadera alegría de la Navidad? ¿Y que del nacimiento del niño Jesús? Nació de la manera más humilde, BY THE WAY. Nada que ver con aventar la casa por la ventana en cada fiesta, en cada regalo, en cada festival, en cada adorno. Estoy segura que cuando Él nació, no pretendía esta locura, estos gastos, estas prisas, ni está esclavitud a cosas que no tienen importancia real. No entendimos que la idea era imitarlo a Él, no al revés.

El planeta entero decidimos dejarnos llevar por el desvarío. Seguramente hay gente que no sabe el motivo del festejo y como quiera anda de fiesta en fiesta y comprando regalos. Vamos a tirarnos todos de un puente, WHY DON’T WE?

Me encantaría volver a ser niña y cocinar chiclosos con mi mamá en santa paz y ver a mi papá partir el pavo con la familia reunida. Todo era armonía y mucha felicidad. Nadie era esclavo de la época. Y si lo eran, mis ojos de niña no lo veían.

Una vez más voy a proponerme a no grinchear. Me pondré mis ojos de niña. Me dispongo a preparar bien mi corazón para el gran día. Voy a reilusionarme y dejarme llevar por la bondad de la época y las buenas intenciones de la gente. Palabra de scout.

Por cierto, el “Joy to the World” de música ambiental en el super y los pinos en las tiendas desde octubre… neta….NO.

“Merry Christmas to all, and to all a good night.”
-T. Armenta