chicken salad

Desde que tengo 11 años he contado con algún “experto” diciéndome que comer, en qué cantidad, cuantos gramos, a qué horas, cada cuanto, etc. Conozco terapias, masajes, acupunturas, suplementos, entrenadores, teorías y a todas y cada una de las nutriologas de moda. You name it: been there, done that.

Todo con la falsa idea de que la única manera de mantenerte en forma es aguantar las ganas de comer algo que te guste. Darte de latigazos cada vez que sales a cenar con amigos porque sabes que no debes probar nada… y luego darte de latigazos otravez por haberle dado una cucharada al postre que pidieron al centro.

De ahí a la culpa y de ahí a romper la dieta otra vez y de ahí a volver a empezar y cada vez con menos ganas. Se que más de uno se identifica conmigo. El estatus eterno es: A) Estar a dieta ó B) Estar rompiendo la dieta. Yo no conozco otro.

Una cosa es segura en cada régimen que he hecho: los 90 gramos de pollo a la plancha acompañado de verduras (menos papa, claro). Lo he comido tantas veces con la falsa expectativa de que comiendo algo que no me apetece me va a hacer tanto bien, que me dan ganas de gritar. ¡Odio los 90 gramos de pollo a la plancha con verduras! ¡Los odio de verdad! La próxima vez que lo escuche voy a golpear a alguien. Así como odio la lata de atún con pico de gallo y sin mayonesa. Enserio prefiero comer lodo. Odio la taza de melón por la mañana. Odio tener que contar cuantas almendras me como. Odio comer ensalada con limón y vinagre en vez de aderezo. Odio que me digan que media taza de arroz es la medida perfecta. Odio las tostadas de nopal. Odio con todo mi ser el yogurt a media tarde con una fruta. Odio la teoría de que si ya te comiste una tortilla, entonces ya no puedes comer pan o pasta. Odio que la gente crea que posée la verdad absoluta solo por haber hecho por primera vez una dieta. Odio los 2 litros de agua. Odio, odio, odio irme a la cama con hambre. De mis 42, llevo 31 años así, sin ni un solo descanso. SUFICIENTE YA! Lo peor de todo es que yo solita, y sin necesidad de un push, me trepé a ese carrito muy pronto.

Pero lo que más odio es en lo que me convertido en todos estos años. Que amargura, de verdad, vivir todos los días con ese tormento. Odio comer cosas que no se me antojan y a la vez, odio comer las que si me gustan porque me hace sentir mal. Es un circulo vicioso. Nadie debería pasar por el. Nos quita la paz, la alegría y las ganas de ser felices. En serio, que cadenas tan pesadas nos echamos a la espalda. La gente come para vivir. Punto. Eso de vivir para contar gramos, calorías y almendras es el infierno aquí en la tierra.

Tanto esfuerzo por alcanzar algo me ha dejado agotada, desgastada y drenada emocionalmente. Que precio tan alto he estado pagando por llegar a esa meta que quiero y que a la vez me cae mal y la alejo más. Lo más triste es que las veces que si llego a la meta, es cuando más mortificada estoy por no querer alejarme de ella otravez. No vale la pena tanta aflicción. NO LA VALE. ¡Viva la paz ya por favor! Eso de estar posponiendo las cosas para cuando esté delgada es como haberle puesto pausa para siempre a la película de mi vida, excepto que el tiempo sigue corriendo.

Nada cambia si nada cambia. Entonces decido, por mi propia voluntad, liberarme y acabar con esa amargura. Hoy hago una truega conmigo misma para que cuando esté en mi lecho de muerte, no tener que arrepentirme de haber vivido solo pensando en mí y en mis nimiedades. Cuanta gente quisiera tener uno de mis días malos. Que mi lucha más grande en la vida no haya sido algo tan trivial que carece de relevancia absoluta. Ojalá y mi lucha de ahora en adelante sea la de ver cómo trascender, como ver más allá de mi nariz, como ser mejor persona (mucha área de oportunidad ahí) y como ayudar a alguien más a ser también mejor persona.

Es aquí donde aquí entra la trillada frase de “we blame society, but we are society”. Me rehúso a ser una más. No me ha gustado estar de este lado. Me quiero poner del lado de los del dedo acusador en el buen sentido, del lado de los que en verdad hacen algo por salir del molde y nadan contracorriente.

Cada quien carga con su propio demonio. NADIE se salva. El mío, es éste. Espero que mis palabras inspiren a alguien también a abrirle la jaula al suyo y liberarlo. Sea cual sea.

Voy a aceptar mis limitaciones y dejar de luchar contra ellas. Voy a honrar quién soy por el hecho de serlo. No necesito más. A esta edad, liberarme de lo que me estorba, ni me mortifica ni me quita el sueño. Es más, se requiere ser más tenáz para saberlo hacer y seguir adelante. Así nadie me podrá venir con la cantaleta de que no obtuve lo que quería por temor a arriesgarme. Todo lo contrario. Por fin sé lo que quiero, y arriesgarme a salir de la casilla en la que yo misma me metí hace años, es dar el salto de fé más grande que haya dado jamás. Supongo que tendrá sus consecuencias, pero como dice la canción: “El que quiera, que me quiera y el que no, que no me quiera”.  Los años y los golpes de la vida me han hecho más fuerte y más sincera conmigo misma. Repito: directo, al grano y sin rodeos: …. y el que no, que no me quiera. C’est la vie.

Ósea que no, no es que me dé por vencida, porque la victoria es solo para los que nunca se rinden. Yo no me rindo, sigo en mi lucha. Probablemente sea más difícil pero estoy decidida a enfocarla en algo más profundo, útil y de provecho. Así, ¿que puede salir mal?

Ahora más que nunca estoy consciente de que cada minuto que tengo aquí está contadito. Y que cuando llegue mi momento de entrar al cielo (espero), nadie me va a recibir con una báscula y un chicote. Me van a recibir con LA pregunta de preguntas: “¿Cuanto amaste?” Y de alguna manera quisiera poder dar la respuesta correcta… cosa que no va a suceder si todos mis pensamientos, mis energías y mi tiempo están siempre enfocados en algo que no me va a ayudar a pasar por esa gran puerta.

Ahora lo que me encantaría hacer es cantar la canción estelar de Frozen a todo pulmón como Elsa. Pero mejor me voy a contener y me despido con mi frase favorita de Erin Hanson:

“-What if I fall?
-Oh but my darling, what if you fly?”

-T.Armenta

P.S. To my children somewhere in the near future:

Tu cabeza, tu integridad, tu corazón: ESO eres tú. El cuerpo solo se utiliza para acarrear el alma que Dios te dió. Aprende de mis errores. Tu alma, esa cuídala siempre. Nutrela, y por encima de todo dale paz. Que nada ni nadie (y menos tú misma) te la quite. Siempre con la cabeza en alto, siempre orgullosa de lo que eres, y siempre con la mirada al cielo.