Primero que nada, ovación de pie a todos lo señores que solo conviven con mujeres en su casa: esposa e hijas y sin ningún otro hombre que compense. Ustedes ya tienen el dedo gordo del pie derecho en el cielo.

Alguna vez me comentaron que se requiere una paciencia especial ser papá de puras niñas.  No porque las mujeres seamos difíciles, simplemente somos, pensamos y actuamos diferente a los hombres. Y al ser varias de nosotras y solo uno de ellos, la balanza tiende a inclinarse para un lado. 

Muy al principio, cuando aún son novatos en el arte de tratar a puras mujeres y todavía no saben lo que el destino les depara, siguen con su percepción de que jugar con niñas es lo mismo que jugar con niños. En esta casa sentarse a jugar con las niñas significaba coger una Barbie como quien toma una nave de Star Wars y hacerla volar por el aire y hasta simular sonidos de bombardeo. 

Más adelante, estos papás de niñas aprenderán la lección más valiosa de todas muy rápido: si alguna mujer de la casa pregunta si se le ve bien lo que trae puesto, la respuesta siempre tendrá que ser un “si” sin dudar ni trastabillar…. a menos que quiera una bomba de hormonas cuyo cúmulo pudiera o no  incluir un desborde de lágrimas y un “es que no tengo nada que ponerme” seguida de una cara de víctima.

Igualmente hay que hacer entender a papá que uno no puede ir por la vida diciendo cosas al “ahí se va” cuando vives alrededor de puras mujeres. Las niñas tienen 700,000 GB de memoria, igual que su madre. Tenemos la habiliadad nata de sacar a relucir conversaciones de 1999 si es necesario. Don’t mess with us.

Y qué tal cuando la niña se para sonriente frente al papá y le pregunta si nota algo diferente en ella. El papá tratando de disimular que no tiene idea de lo que le habla, le dice que es una niña tan hermosa que cualquier cambio es lo de menos. La pobre niña hasta tiene que detener su corazón con las dos manos ya que su papá no se da cuenta que le cortaron un centímetro las puntas del cabello. Estos hombres aprenden a ser observadores y sensibles muy rápido. Primero muertos que volver a ofender a una de sus princesas.

Si la niña dice que no le pasa nada, es porque con toda seguridad le pasa algo y quiere consuelo. Ahora bien, si dice que no quiere hablar es porque necesita que le pregunten mil veces que que le pasa. El hombre tiene que saber descifrarlo todo o volverse loco en el intento. Y lo más difícil es que hay que multiplicar esta maniobra por el número de mujeres que habiten en su casa. 

Simplemente el hombre habrá de entender que no existe la respuesta correcta. Not gonna happen. Necesitan a toda costa saber leer la mente, sacar conclusiones en cuestión de segundos y tratar de acertar en lo que se quiere escuchar de ellos.

Una simple pregunta cuando llegan del colegio como: ¿Que tal les fue? Es como haber abierto la puerta en pleno huracán. Todas agarran aire y sueltan todo lo que sus lindos corazones pueden contener. Sea triste o alegre o todos los tonos intermedios. Sentarse a la mesa a comer con puras damas, cada una con su tema, es toda una hazaña para cualquier ser del sexo masculino, sobretodo porque no tiene con quién voltear y comentar el gol de Tigres mientras las mujeres arreglan el mundo. No es que no nos importe el gol. Simplemente no genera en nosotros esa pasión desbordada.  

Para salir en familia, el “ya vámonos” significa por lo menos 20 minutos extra de espera para el señor junto a la puerta. Una no encuentra los zapatos que combinen, otra decidió cambiar el peinado de última hora y la otra simplemente  sigue buscando que más cositas podrá echar en su bolso de mano. 

El tema de las compras ni lo voy a tocar. Todos sabemos la historia del señor que va de compras con una mujer. De nuevo hay que multiplicar esta maniobra por la cantidad de mujeres que hay en su casa. Sería buena idea respirar hondo, sonreír, perderle el cariño a unos cuantos dolaritos y aguantar lo más que se pueda quietecito y solito en la banca de Target o bien en el Starbuck’s del mol. 

Eso si, si el señor decide que quiere comprarse unos tenis nuevos, tienen que pasar primero por todos los checkpoints femeninos de la casa. Es nuestro deber opinar. El color, el estilo, el modelo, etc. nunca se toman a la ligera. 

Una buena madre también tiene que enseñarles a las niñas el arte de saber convivir con el sexo opuesto. No es tan difícil, y cada mamá sabrá cómo hacerlo. Pedirle algo al papá es todo un arte pero nada es imposible. En mi caso les digo que hay que aprovechar ciertas circunstancias en las que el papá esté tan de buen humor que sea casi imposible negarse. Ahí es donde les digo que si quieren pedir un permiso especial, se lo pidan cuando acaben de ganar los Tigres. Si quieren comprar algo fuera de los planes, se lo sugieran cuando acaben de ganar los Tigres. Si quieren remendar algún daño, saquen el tema cuando acaben de ganar los Tigres. Igualmente con la lista de Navidad, esta hay que presentarla solo cuando acaben de ganar los Tigres. 

Las niñas por su lado, tienen que saber, que no deben sentirse ofendidas si las respuestas de papá son solamente de tres palabras, las únicas necesarias para expresar su punto. Los hombres tienden a ser monosílabos hasta para mandar mensajitos. Así es que con tres palabras ya vamos de gane. 

Eso si, cuando el papá dice: “Silencio” tres decibeles más alto que de costumbre, todas a cerrar el pico de inmediato. Seremos mujeres pero somos muy conscientes de cuando ya estiramos demasiado la liga y hay que aliniarse cuál cadetes al sargento.

Ahora bien, el papá de puras mujeres, con todo y que es minoría en su propio hogar, es el rey de la casa. Superman no es nadie a un lado de él. Es el héroe de la historia siempre. Es el consentido. Es al que esperamos a que llegue del trabajo para darle besos, es el que amanece con tarjetitas de brillos y corazones en su almohada. Es al que todas queremos abrazar y sentir sus brazos protectores. Es el campeón de campeones. 

Creo que no existe casa de puras hijas en que el papá no tenga su lugar muy especial y casi casi camine con un trofeo imaginario sobre su cabeza y alas de ángel en su espalda. Y las mamás, que en verdad hacemos todo el trabajo rudo (¿si o no, señoras?) no nos queda más que sonreír y aplaudirle. 

Y él, por su lado, jamás permitiría que nada ni nadie les quite la sonrisa de la cara a sus niñas. Se le cae la baba nada más de verlas porque… ¿a poco no son tan lindas? 

Me despido con la imagen en mi cabeza de cuando el papá de mis hijas le tenga que abrir la puerta a algún galán que le quiera quitar a alguna de sus pollitas…. alto, guapo, fuerte, ojos pispiretos (quizá hasta vestido de Rayado) y con una sonrisa que le derrita el corazón a la niña y la haga suspirar. Pero esa será otra historia y ahí estaré yo para acompañarlo y hacerle saber que las niñas crecen, la vida sigue y él será siempre el campeón de campeones. 

-T. Armenta

*Este post es para ti. Por lo enormemente agradecida que estoy de que seas la primera referencia del mundo masculino en la vida de nuestras hijas. Por ser la armonía y la luz de esta casa. Por hacernos reír y siempre andar de buenas. Por tu paciencia infinita y sobretodo por saber lidiar con estos torbellinos de hormona femenina con tanta gracia y disposición. Te amo.

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