Para sermones… a misa. Y como yo no soy sacerdote, no pretendo darlos. Querer persuadir a alguien de algo, tampoco. Eso de querer manipular la forma de pensar de alguien provoca en automático que esa persona se bloquee. Lo he visto y sentido miles de veces. No soy psicóloga pero de seguro esta reacción humana ha de ser común y hasta ha de tener nombre.

Empecemos por lo primero. Hablarle a alguien con rollos interminables que provocan bostezos, o con palabras que usaban en otro siglo o con textos aprendidos de memoria, es como cuando un niño dice el juramento a la bandera. Lo dice porque eso es lo correcto y eso es lo que hay que decir. Si los demás lo entienden, que bueno. Y si no, también.

Las cosas como son. En este siglo XXI. Con esta vida que llevamos. En el lenguaje que nosotros usamos. Con el tráfico, obligaciones, compromisos y prisas de hoy en día. Con las ganas de criticar a la vecina, de decir mentiras para safarte de algo, de enojarte con el burro del carro de enfrente, de guardar rencores eternos o de correr chismes. Y el que diga que no, que le vaya poniendo el prefijo “San” a su nombre.

Existimos en una época en la que nos cuesta creer tantas cosas. Tenemos que sobrevivir. Ya no recordamos ni lo que es sentir paz verdadera. Nuestro “normal” es que la gente no se fíe mucho de las personas buenas. Nos jala la incredulidad. Aquí el bueno es el que pierde, al que le ven la cara. Nos hemos convencido poco a poco de que la bondad de alguien es improbable. La vida nos ha dado tantos golpes que pareciera que tenemos que estar siempre alertas y listos para el ataque. “Survival of the fittest” es nuestro modus opernadi, en donde el fuerte y listo se come al débil y despistado.

Salir adelante ha sido solo producto de nuestro sudor. Por lo tanto, tener la más mínima intención de creer en algo más grande que nosotros, fuera de todo razonamiento lógico, sería como bajar la guardia. Es como si nos despojaran primero de nuestra coraza y luego de nuestra espada. Todos queremos el premio o la victoria sin darle el mérito a nadie más. Creer en algo más grande que nosotros sería como desprendernos de nuestra valía.

Pronunciar la palabra rezar provoca apatía a muchos. ¿Rezar? A rezar los mochos, las abuelitas y las señoras golpe-de-pecho que han decidido creer en fantasías que no tienen explicación.

En el presente y en este mundo loco, ¿quien quiere creer en algo que pudo o no haber sucedido en una época lejana y con costumbres tan diferentes a las nuestras? En una localidad remota y con tantos personajes que nos hacemos bolas. Tampoco ligamos aveces la cronología de sucesos, ni quién era hijo de quién, ni porque decían lo que decían. En un lugar lleno de tierra donde pareciera que lo único que comían era pan y pescado.

¿Como creer que el protagonista de la historia sea tan bueno? En nuestra realidad eso no existe. No es algo que veamos todos los días (o ningún día, para el caso). Aquí la ley es: sálvese quien pueda. Si te llevas a alguien de encuentro, que se levante solo. Imposible que alguien tenga el corazón tan grande y sea tan bueno, que esté dispuesto a darlo todo ¡TODO! …incluso a morir torturado cruelmente por el bien de alguien más (no se diga por la humanidad). Traemos el caparazón tan afianzando que somos incapaces de digerir tal acontecimiento. Aveces no queremos ni enterarnos que fué exactamente lo que pasó para no sentirnos comprometidos a nada.

Justo aquí es donde hay que poner pausa y creer en esa bondad. Creerla de verdad te ablanda el corazón en automático. Empiezas a ver que no todo es malo y no todos quieren pisar tu buen nombre. Empiezas a verlo a Él en todo y en todos. Simplemente la vida se vuelve más dócil. Alomejor no más fácil, pero si más dócil. Las cosas se ven con otro filtro cuando uno cree en Él y en su bondad. Alimentar esa creencia con oración, ¿que mejor?

Creerlo de verdad tampoco significa que uno se hace bueno de la noche a la mañana. Nos vamos a volver a tropezar con la misma piedra mil veces y nos va a dar por seguir criticando a la vecina porque enserio pareciera que se lo busca a pulso. No importa. Es mejor creer en la bondad y el amor de Dios y ser un hijo de la guayaba… que simplemente ser un hijo de la guayaba y no tener un carril al cual subirnos cuando nos descarrilamos.

Hoy es día de Corpus Christi. Hoy es el día para creer en algo más grande que nosotros. Hoy se celebra la presencia de Jesús en la Eucaristía, establecida por Él mismo: en cada hostia consagrada del planeta. Real y vivo. En cuerpo y sangre. No solo es representativo. Él está ahí. La grandeza, la veamos o no, está ahí. Es un acto de fe enorme, uno que requiere mucho valor. Es un gran milagro a todas luces. De esos que aveces nuestro entorno y circunstancias se niegan a creer.

Todos los que nos hacemos llamar cristianos que estamos bautizados, confirmados, que planeamos la primera comunión de nuestros hijos y que vamos a misa los domingos a comulgar…. para todos nosotros, este suceso de creer en que Dios está presente bajo la apariencia de pan y vino es el fundamento y la parte más escencial nuestra fe.

Ósea que sí existe alguien que NO está juzgando cada movimiento que hacemos. Sí existe alguien que nos desea el bien sin esperar favores de regreso. Sí existe alguien que nos perdona de corazón pese a la cantidad de tonterías que nos empeñemos en hacer. Sí existe alguien a quien sinceramente le da gusto nuestros triunfos. Sí existe alguien que le da importancia a nuestros asuntos. Sí existe alguien que le dé consuelo a nuestras penas. ¡Sí existe alguien bueno! ¡¡Sí existe!!

Bajemos la coraza. Soltemos la espada. Doblemos la rodilla. Creamos en el bien.

Rezar ayuda. No hay necesidad de ser monja de claustro. Rezar es para cualquiera. En este siglo, en este lugar, con estas prisas y hasta con esta vecina… rezar ayuda. Ayuda a montones. Como a montones nos ayuda creer en algo más grande que nosotros.
-T. Armenta

Corpus Christi del 2017 se celebra el jueves 15 de junio. La misa es de precepto. Yo no le llamo obligación. Para que alguien te obligue a hacer algo, primero tendrías que estar en contra. Y como tú y yo no estamos en contra de que Jesus está presente en la Eucaristía, pues a inclinar la cabeza un poquito y dar gracias. Y que mejor que recibiendo el cuerpo de Cristo..