Hija:

De las 7,000 cosas que te he dicho a lo largo de tu vida y aunque creas que ya no pueda ser posible que se me ocurra alguna otra instrucción que darte, por favor considera ésta. Borra todas las demás si crees que es necesario. Es un consejo que te va a servir para siempre.

Acuérdate que tú no te hiciste sola. Tampoco te mandaron aquí al “ahí se va”. Fuiste perfectamente planeada y diseñada hasta el último detalle. Ninguna parte de ti fue dejada al azar. Nada en todo tu ser es improvisado. Por lo tanto, cualquier problema que intentes resolver tú misma, con tus propias fuerzas, sería como ignorar tu origen, ignorar de dónde vienes y a dónde vas.

Pide ayuda a quien está esperando siempre que se la pidas. Del cielo llueven bendiciones a cántaros todos los días. Voltea para arriba y ponte lista. Confía de tal manera que siempre camines, con toda certeza, con tus botas de lluvia puestas. Es más, ponte gogles. Que nada empañe tu visión al cielo.

El día que no llueva, no te enojes, no te enberrinches, ni te pongas triste. Las bendiciones a veces así son. Tú no las ves, no las encuentras y te sientes en un desierto sin agua. Entonces, lo que tendrás que hacer es quitarte los gogles. A veces se empañan o se manchan y no te dejan ver bien. Las bendiciones están ahí siempre. Búscalas. Ponte binoculares o encuentra un microscopio o vete a checar los ojos. Si como quiera así no las ves, aún mejor. Los mejores regalos son los que no se ven con los ojos. No te canses de buscarlos. Y cuando los encuentres, AGRADECE.

Date el tiempo siempre para dar las gracias. Si es necesario hazte manita de puerco, pero hazlo. Hazlo aunque te de flojera, aunque te sientas una hipócrita o que estás dando gracias por algo que tú no pediste. Hazlo aunque tú creas que no tienes nada que agradecer. No importa. Concéntrate. Verás como siempre hay algo. Acostúmbrate a buscar ese algo. Te voy a decir porque y aquí es donde viene el consejo más valioso de todos.

No hay nada más en este mundo que yo desee, que tu felicidad. Me gustaría decirte que vas a ser feliz siempre y ojalá que así sea la mayor parte de tu vida. Pero cuando creas que no lo eres, ser agradecida siempre será tu mejor instrumento contra la tristeza. SIEMPRE. Busca todos los días algo que agradecer. Confía en mí. Haz la prueba tú misma y verás.

Ahora ya sabes la fórmula: voltea para arriba, agradece, repite y luego multiplícalo por un millón de veces.

Espero que la apliques siempre, ahora y cuando yo no esté ya aquí. Como todo, requiere práctica, pero cuando veas sus beneficios, serás tremendamente dichosa.

Te amo,

Mamá

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Hija:

De todas las cosas que te he dicho a lo largo de tu vida y aunque creas imposible que tenga otra instrucción que darte, por favor considera ésta. Olvida el resto si supones necesario. Es un consejo que te va a servir para siempre.

Recuerda que no fuiste creada por tus propios méritos. Tampoco estás aquí por error. Te planearon y diseñaron hasta el último detalle. Ninguna parte fue dejada al azar. Nada es improvisado. Por lo tanto, cualquier problema que intentes resolver con tus propias fuerzas, sería como ignorar tu origen, ignorar de dónde vienes y a dónde vas.

Pide ayuda a quien siempre está esperando que le solicites algo. Del cielo caen bendiciones todos los días. Mira hacia arriba y presta atención. Confía de tal manera que siempre camines firme, con tus botas de lluvia puestas. De ser posible, usa lentes de agua. No permitas que se empañe tu visión al cielo.

El día que no llueva, no te enojes, no hagas rabietas, ni te aflijas. Las bendiciones a veces así son. No las ves, no las encuentras y sientes que estás en un desierto sin agua. Quizá merezca la pena quitarte los lentes de agua. Se pueden empañar y no te dejan ver correctamente. Las bendiciones están ahí siempre. Búscalas. Haz lo que esté en tus manos para distinguirlas. Si aún así no las ves, es mejor. Los mejores regalos son los que no se ven con los ojos. No te canses de buscarlos. Y cuando los encuentres, AGRADECE.

Tómate el tiempo siempre para dar las gracias. Si es necesario, oblígate, pero hazlo. Hazlo aunque sientas pereza, aunque adviertas que traicionas lo que piensas o que estás dando gracias por algo no solicitado. Hazlo aunque parezca que no tienes nada que agradecer. Concéntrate. Siempre hay algo por qué dar gracias. Acostúmbrate a buscarlo. La razón es la siguiente, pues contiene el consejo más valioso que te daré.

Lo que más deseo para tí es que seas feliz. Me gustaría decirte que así será siempre y ojalá lo sea la mayor parte de tu vida. Cuando te sientas desdichada, ser agradecida siempre será tu mejor instrumento contra la tristeza. SIEMPRE. Busca todos los días algo que agradecer. Confía en mí y compruébalo tú misma.

Ahora ya sabes la fórmula: mira al cielo, da las gracias y repítelo cuantas veces sea necesario.

Espero que la apliques siempre, ahora y cuando yo no esté ya aquí. Como todo, requiere práctica, pero cuando veas sus beneficios, serás tremendamente dichosa.

Te amo,

Mamá

-Tania Armenta