Atrevámonos a ser el que sonríe antes de que nos sonrían, a saludar aunque no conozcamos a la persona, a aplaudir los logros ajenos.

En un mundo lleno de prisa, sé tú el que le abra la puerta a alguien, el que diga un cumplido, el que pida perdón, o más difícil aún, sé tú el que perdona.

Nadie hace más daño, que quien no ha recibido amor. Si crees que así es, siéntate y concéntrate. Y cuando consigas traerlo a la memoria, te toca repartirlo. No te lo quedes, no es sólo para ti. Así no lo vuelves a olvidar y te conviertes en parte del plan original.

Ser feliz, tener paz y servir a los demás requiere de mucha voluntad. Hay que quererlo y trabajar en ello todos los días. ¡Claro que es difícil!

Si decides irte por la fácil y te empeñas en hacer menoscabo, la dolencia será tuya y sólo tuya. Te debilita a tí.

Dicen que las palabras más bonitas que digan sobre ti, serán cuando tú ya no puedas escucharlas.

Encárgate de que lo que se diga, no se refiera a tu trabajo o a tus estudios. Eso no tiene gran mérito comparado con tu calidad y calidez humana. Asegúrate de que se hable de lo que realmente cuenta, de lo que es más complicado hacer, de lo que nadie te pone un examen para calificarte o te aumentan el sueldo por hacerlo. Que se hable del bien que hiciste aquí, de tu manera de conducirte con la gente, de tu servicio a los demás, de tu sonrisa, de tu lealtad…

O entendemos que hay que hacer las cosas con ganas de regresar al lugar de donde nos mandaron, o no hemos entendido nada.

-T.Armenta