-“¿Como te sientes? ¿Todo bien?”

-“Perfecto. Solo un poco cansada”

Risas. No es tan chistoso pero a ellos les da risa.

Estamos listos desde hace meses. He doblado ropa y acomodado sus cajones más veces de las que pueda contar. A veces el orden es por colores, a veces por tamaños, a veces por temporadas. He leído una docena de libros sobre el tema. He cuidado cada detalle hasta el punto de la exageración.

Esperamos mientras el doctor hace lo suyo. Estamos ansiosos y con una ilusión que solo esos eventos te pueden dar.

-“Pues prepárense. Esta beba está lista para nacer.”

-“Ya se. Solo falta una semana.”

-“Si, pero va a nacer hoy. Tienes muy poco líquido amniótico.”

-“Pero la fuente no se me ha roto.”

-“Es que no vas a llegar a tu fecha.”

-“Pero yo me siento bien.”

-“No te preocupes. Vayan a su casa, cojan tus cosas y nos vemos en el hospital.”

-“¡Pero no he tenido contracciones!”

Miedo, nervios, emoción y todos los sentimientos del mundo revueltos y juntos en ese segundo.

Estoy lista pero de pronto no tanto. Siento su mano sobre mi hombro. Yo acostada, él parado a un lado viendo la pantalla y al doctor. Estábamos aguardando este momento y aquí está ya. Los latidos de su corazoncito de fondo.

Este acontecimiento lo esperaba desde que jugaba a las muñecas. Tenía un montón. Y justo deseaba tener muchas, muchas niñas.

Empezamos a hacer las llamadas pertinentes, a mis papás, a los suyos, a su oficina…

Mi maleta está lista en la puerta desde hace 2 semanas. La veo, sonrío y me persigno. Dios mío por favor que todo salga bien. Que nazca sana, que no le duela nada. Bueno y si se puede también que no me duela tanto a mi. Por favor y si no fuera mucho pedir, que tu voluntad sea igualita a la mía en estos momentos.

Me preparan y me llevan al quirófano. El doctor prende la radio y se pone a trabajar. Platica y hace reír a las enfermeras. ¿De que se ríen? Todos volteen y concéntrense porfavor. Empieza She will be loved de Maroon 5. El doctor se pone a cantar. Decido apagar todo a mi alrededor y me concentro mientras dejan entrar al futuro papá. Dios mío, ya sé que he pedido una avalancha de cosas hoy, pero lo más importante, por favor permíteme ser una buena mamá. Cualquier sacrificio que tenga que hacer, lo hago, pero porfavor ayúdame a no equivocarme nunca.

De pronto entendí que acomodar sus cajones y adornar su cuarto, no es estar lista. Comprar cosas de bebé, no es estar lista. Haber decidido su nombre desde que yo tenía 16 años, no es estar lista. Desearlo con todo mi corazón, no es estar lista. Es un embarazo planeado y tan deseado y de pronto me siento insegura, inexperta y llena de preguntas. Estoy completamente desarmada y ahí viene mi más grande proyecto.

Abro los ojos y veo al futuro papá entrar. Primero pone cara de susto y luego trata de no voltear a ningún otro lado mientras me habla para tranquilizarme. El doctor se asoma y le pregunta: “¿Quieres ver cómo nace?” Levanta la cabeza y se inclina hacia el doctor. Alcanzo a ver su cara de emoción y en eso se escucha un llorido monumental. La veo, quiero cargarla pero la pediatra se la lleva a checar, limpiar y ver que todo esté bien. Sigue llorando. Eso es buena señal, según mis libros. La envuelven y al fin me la traen. Contengo el aire. Le checo su carita, sus manitas, sus piecitos. Mi corazón, a punto de explotar. ¡Cuanto amor!

Me prometo a mi misma que nunca va a llorar, nunca se va a preocupar de nada, nunca va batallar, nunca le van a hacer daño, nunca va a estar triste, nunca le va a incomodar nada. Todo va a ser amor y sonrisas y felicidad porque yo me voy a encargar de eso. Así de novata estaba. La inocencia que te da la inexperiencia ante la increible y titánica labor de ser mamá.

Hoy 17 años después, nos despertamos todos una hora previa a lo acostumbrado para cantarle las mañanitas antes de que ella amaneciera para irse a la prepa. Me entró el sentimiento. Esta niña está en prepa. Ya empieza a pensar en que va a estudiar y en su futuro. Tiene metas establecidas y toma desiciones y riesgos para lograrlas. Aunque todo parece ir en el camino correcto, me empiezo a preguntar si en verdad hice todo bien. Le faltan tantas cosas por vivir. Va a haber muchas decisiones que tomará y yo solo puedo esperar que sea la correcta en base a lo que le enseñé. Se que me he equivocado más de lo que me gustaría. Aún así, los consejos y mi hombro, siempre van a estar ahí hasta el día en que me muera. Pero los topes se los va a dar ella sola y ella sola se va a levantar de ellos. Por más que yo esté presente, que la apapache, que la consuele, que la aconseje…. hay golpes en los que no me voy a poder atravesar para que no le caigan. Daría mi vida porque así fuera. Todo menos verla “golpeada”. Pero eso ya no es así. Su vida empieza a ser más suya y depender menos de la mía.

Y yo que todavía siento que le checo su carita, sus manitas y sus piecitos cada noche.

Mientras tanto yo sigo y seguiré pidiendo lo mismo: permíteme por favor ser una buena mamá…

-T.Armenta

Dios te bendice cada día de tu vida, viene por añadidura desde que existimos. Mi deseo es más bien, que sepas siempre ver esas bendiciones en los altibajos de tu vida. Mantén los ojos y el corazón bien abiertos. Que lo veas a Él hablar y actuar en otros y lo más importante, que seas consciente de que Él puede hablar y actuar a través de ti para que cuides siempre tus palabras y tus acciones.

Te amo y estoy tan orgullosa de ti. Eres mucho más de lo que yo te pude enseñar y por eso soy bendecida. Tu temple, inteligencia y fortaleza las quisiera yo para un fin de semana. Gracias por salir triunfadora trás ser la conejilla de indias de una mamá primeriza. By the way, tu cuarto está todo tirado… ahí cuando quieras. Tú sabes si te quito el celular o le apuras.