Cuando ella murió, nadie sabía que hacer con aquello porque era muy grande y ocupaba mucho espacio. No me atrevía a decir que yo la quería, así que acordamos guardarla en mi casa. Cada quien podría darle uso en caso de requerirse.

En vida, se la pedí muchas veces para ocasiones especiales. Cuando no se le olvidaba, ella sabía que me encantaba y sabía de mi gusto por las cosas mexicanas, en particular, por la Talavera.

Su verdadero valor reside en que es de 1943, año en que mis abuelos se casaron y la recibieron de regalo de bodas. Tiene muchísimas piezas, cada una es una obra de arte. ¡Cuantas cosas se habrán servido ahí!

Hoy me dispuse a sacarla para marcar la ocasión especial de mi 45 aniversario. Mientras la acomodaba pensaba que no tengo que cumplir años para celebrar mi vida.

Igual con la vajilla… decidí que la puedo usar diario y que así lo voy a hacer. Si se rompe alguna pieza, va a ser porque le doy buen uso y porque estoy disfrutando de ella… y no por estar guardada y cambiando de manos cada vez que se muera alguien.

Cada día que la utilice, sabré que estoy celebrando mi existencia y haciendo un tributo a la mujer que marcó mi vida de tantísimas maneras. Seguro sonríe cuando se me caiga alguna taza o cuando mis hijas expresen, una vez más, su disgusto por ese tipo de artesanías.

¡Va por ti, abuela! No solo en mis cumpleaños sino todos los días… ¡Salud por exprimir la vida hasta el último añico del plato!

-T.Armenta