Me siento a verla y sentía morir del aburrimiento. La primera escena del primer capítulo es un hombre con bata de laboratorio corriendo apanicado por un pasillo con luces parpadeantes hasta llegar a un elevador. Trata eufóricamente de cerrar las puertas presionando todos lo botones solo para darse cuenta que hay un monstruo adentro y lo ataca. No me acuerdo si se lo come o lo deja ahí tirado. Suspiro hondo. Que mugrero.

Los protagonistas son 4 niños y una niña que tiene super poderes. Juntos descubren un mundo paralelo mientras buscan a uno de sus amiguitos desaparecido. Mi concentración empieza a divagar y me encuentro pensando en la lista del super para mañana.

Todo sea por sentirme una buena mamá y decidir si la serie es apta para alguna menor de edad en mi familia.

Decido darle 10 minutos más a mi paciencia cuando veo pasar, en una toma muy rápida, la manzanita con los colores del arcoíris en una computadora Apple IIE. Me transporto de inmediato a mi infancia. Acto seguido, observo que el niño protagonista trae un reloj Casio negro de los que tenían botoncitos de calculadora. Sonrío. En mi casa había uno de esos y no se despegaba de la muñeca de su portador ni en sueños.

Empiezo a poner atención a los detalles. Aparece en la pantalla una adolescente caminando por el pasillo del colegio con un Trapper Keeper bajo sus brazos. Me vuelvo a transportar. Su noviecito a la vez, trae los tenis Nike Cortez y una chamarrita London Fog. Ok, voy a darle otros 10 minutos, solo porque, como diría cualquier abuela, recordar es volver a vivir.

Un episodio lleva al otro. Los niños luchan contra monstruos, mueven cosas con su mente y también tienen persecuciones andando en su bicicleta y comunicándose con Walkie Talkies. ¿Quién de nosotros no usaba ese medio de transporte y de comunicación? Que chulada.

¿Lo mejor de todo? El soundtrack de la serie se apodera completamente de mi corazón. La primera canción que se deja escuchar es I Melt with you de Modern English seguida por Should I Stay or Should I Go de The Clash. Así una tras otra después se escuchan grupos como The Bangles, Bon Jovi, Cindy Lauper y Peter Gabriel, Mötley Crue…. Uffff, uffff, uffff y más uffff.

Esto no es como la típica película basada en los ochentas en las que se pueden ver cosas como el teléfono de disco, los peinados y los carros.

En esta serie, los detalles van más allá. Son cuidados con tal delicadeza y perfección, que no puedes evitar sentirte halagado por tomársela tan enserio. Cada capítulo es una oportunidad nueva de transportarte y sonreír con nostalgia de la buena.

Decido terminar la primera temporada completita FA-SCI-NA-DA. La trama es una tontería. La ambientación es maravillosa, perfecta, magnífica y todos los demás sinónimos.

Desde la jarra de plástico Tupper Ware que le tenías que aplastar al botoncito de la tapa para abrirla o cerrarla, hasta la calcetas deportivas a medio chamorro al estilo John McEnroe.

Me decido a hacer lo que se tiene que hacer. Espero un año y pico como puberta para ver la segunda temporada. Ni modo. I’m stuck in the 80’s forever. Me intriga ver con que sorpresas nos van a salir.

Sigue la historia y entre otras cosas, Halloween llega al pueblo. Los niños deciden disfrazarse, nada más y nada menos, que de Ghost Busters. Escuchar las primeras notas de la canción en el fondo, priceless. No se diga el detalle de los empaques de los dulces que juntaron. Todos son la réplica exacta de los dulces de esa época. Ese Three Musketeers en primer plano es una belleza. Incluso en algún capítulo hacen alusión a lo mal que sabe la New Coke, maniobra de mercadotecnia fallida de Coca Cola en aquella década.

Con miles de detalles más como el Millenium Falcón en la recámara del niño, el spray de Farrah Faucet del adolescente, He-man en el televisor y porsupuesto, el juego de Dungeons and Dragons (parte central de la serie), esta temporada es una joya también. Estoy omitiendo tantísimos ejemplos porque no me cabrían aquí. Incluyendo a alguien haciendo programaciones en Basic. Como olvidar esas letras verdes en el monitor. Guácala.

En el último capítulo sale una réplica casi exacta de Pretty in Pink. En una toma sale el niño sentado solo y cabizbajo en el baile del colegio, de fondo la canción de Every Breath You Take de The Police. La cámara se dirige lentamente hacia la puerta. La niña, en su mejor vestidito de salir, hace su entrada. Esta nerviosa y se queda parada buscando desesperadamente a su galán con los ojos. El levanta la mirada, se encuentran y la música sube el volumen mientras se acercan lentamente a saludarse. Ufffff nadamas falto Duckie haciendo mal tercio en esta escena. Supongo que hubiera sido mucho pedir que hubieran puesto la canción de If You Leave de OMD…

Resulta ser que la serie, que acaba de sacar su tercera temporada, (después de otro año y pico más) ha sido la más exitosa rompiendo todos los records en la historia de Netflix con 41 millones de cuentas viendola el fin de semana en que se estrenó.

No entiendo que la hizo tan popular entre los pubertos y adolescentes de hoy en día como para romper récords. La década en que se desarrolla no toca ninguna fibra en sus corazones, la música tampoco, la alusión a la Guerra Fría, menos. Ya no hablemos de la base militar Rusa o el hecho de que no tienen idea de quién es Winona Ryder, actriz ícono de la década de los ochentas y que interpreta a la mamá del niñito desaparecido.

Esta nueva temporada ya es un bombardeo de marcas de esa época más obvia, incluyendo el mol con tiendas como Waldenbooks, the gap y hasta un Orange Julius al fondo del food court. Que monada.

Lo que hace especial a esta temporada es la puntualización para verdaderos conocedores de la década como llamarle Alex P. Keaton al actor de Back to the Future. (El que entendió, entendió.)

Para los que tienen hijos pubertos y adolescentes y todavía no sepan de lo que hablo, necesitan sacar la cabeza del pozo en el que la tienen metida. OJO: No la estoy recomendando para ellos. Incluso puede ser inapropiada (PG-13). Pero puedo apostar mis dos manos que saben de lo que estás hablando cuando les dices “Stranger Things”.

Mi intención es dejar muy claro que si eres un adulto que vivió su infancia y adolescencia en los ochentas, la veas. La recomendación es para ti. Pon atención a los detalles detrás de las actuaciones. Vale la pena aguantarte la historia. Es más, hasta te puede atrapar la trama y te vas a acordar porque te gustó tanto E.T, The Goonies, Stand by Me y todas esas películas. Son todas esas revueltas en una serie con toques de Close Encounters of the Third Kind.

Voy a terminar mi reseña con la escena clave, en el capítulo cumbre, en donde los niños están tratando de salvar el planeta. Hay una parejita de enamorados que, ajenos a toda la tensión generada por las amenazas al globo terráqueo, empiezan a cantar la canción de Neverending Story. MA-GIS-TRAL.

Lo palabra “cómico” no le hace justicia a la reacción de mis hijas mayores. Se saben la canción de principio a fin desde niñas gracias a mí. En su momento odiaron esa película ochentera y se burlaban gritando “Atreyu! Atreyu!” y explotaban de risa.

Con esto me reivindiqué con ellas. La serie más exitosa del momento (sea buena o mala o inapropiada o tonta) decidió usar la canción de Neverending Story en el episodio más popular de la tercera temporada. Que mis hijas la pudieran cantar conmigo muertas de risa desde la primera estrofa me eleva ahora al estatus de gran visionaria.

Hoy en día la canción hasta pudo pasar la minusiosa auditoría que se hace al querer agregar una canción al playlist de musicales y películas que cantamos a todo pulmón en el carro cuando no hay nadie más que nos juzgue.

Saludos especiales a todos mis contemporáneos y a mis compañeros del colegio que usaban Trapper Keepers, el reloj Casio y llevaban programación de Basic en la clase de Computers. No olviden clavarse en los bulletin boards de los salones de clase de la serie, hagan de cuenta que los fueron a sacar de los nuestros para usarlos ahí.

-T.Armenta