Hoy recibí una foto de unos listones navideños en una tienda aquí en la ciudad. Mes del año: agosto.

Me rehúso rotundamente a materializar la navidad. Me rehúso a darle otro significado.

Parece el juego de las escondidas. El primero que diga “1,2,3 por mi” es el que gana. Me imagino a la gente desde agosto en posición de salida como quien corriera un sprint de 100 metros en las olimpiadas: nerviosos, respirando profundo y esperando el glorioso disparo de la pistola para arrancar despavoridos por lo primero que se les atraviese con motivos navideños.

El síntoma más grave de la sociedad del siglo XXI es lo increíblemente insistentes que somos en hacernos la vida mas compleja. El trajine que nos empeñamos en llevar en las ciudades grandes de esta era no es suficiente. Vamos a echarnos más carga encima, total no tenemos nada más que hacer ni en que pensar. Necesitamos palomear el listón de caramelitos en agosto para ver qué otra cosa nos ocurre después.

La navidad en verdad me gusta, pero me gusta la que se lleva en el corazón.

Es válido decorar la casa, el pino, los regalos siempre y cuando lo hagamos por darle honor a quien honor merece.

Hay que echarse un clavado hacia adentro de nuestros egos y ser sinceros con nuestra respuesta.

Si lo hacemos por subir el pino a la redes lo más pronto posible, por tener la casa a punto del incendio para ser la más iluminada de la cuadra, etc…. eso no es darle honor a nadie más que a uno mismo, a la vez que mostrarmos nuestra debilidad por irnos a tirar todos de un puente. Me incluyo en ese salto al vacío.

Quiero navidad de vuelta. La navidad de verdad. La del nacimiento del niño Jesús. El que luego murió, el que luego resucitó por nosotros. Esa mera es la navidad.

La edad no me ha hecho más vieja pero si más sabia. Algún día sí seré viejita y lo que voy a querer, entre muchas otras cosas, es que haya hecho la labor de que mis hijas se acuerden de la navidad como algo que se vive y no como algo que solo se admira como escaprate por los motivos equivocados.

La navidad no es un aparador, no es correr por toda la ciudad, no es quedar bien y definitivamente no es comprar listones de caramelitos en agosto. La navidad es y deberá ser siempre una noche de paz.

Mis mejores deseos, aunque falten cuatro meses,

-T.Armenta

Mi admiración a tí, mi amiga, que pones los pinos más bellos del mundo en tu casa y en muchas otras con tanta anticipación… hay mucho que aprenderte por no dejarte encandilar por las luces y saber vivir la escencia de la navidad con su verdadero significado.