Fue una meditación del día de ayer, 1 de abril del 2020. El sacerdote sabe perfectamente, y de sobra, la situación de encierro que enfrentamos muchos en estos momentos. Aun así empieza con esta pregunta:

¿Te sientes realmente menos libre?

Tuve una respuesta inmediata en mi cabeza. Claro que soy menos libre, no puedo salir. Cuando te limitan o te imponen a hacer ago que tu no tenías planeado, pues te quitan tu libertad, no? O sea: 2+2 son 4.

Siguió hablando y me hizo reflexionar. Nos preguntó si en todo este tiempo que nos está “sobrando” nos hemos detenido a pensar en las cosas que hacíamos antes del encierro o en las cosas que estaríamos haciendo ahorita si no estuviéramos en reclusión.

Afirmativo. Me lo pregunté mucho al principio de la cuarentena, ahora ya no tanto. Hasta antes de escuchar esta meditación, yo me sentía muy sabelotoda por lograr dominar el hecho de saber vivir el hoy y nuestras circunstancias sin ponerme ansiosa por las cosas que podría estar haciendo. Y creo que sí lo estaba logrando, sobretodo cuando hay tantísimas cosas que agradecer en la vida.

Pero hasta ahí llegaban mis intenciones de sacar lo mejor de ésto. Hasta ahí llegaba mi verdad. Llevarla más lejos seria un compromiso más grande. Aparte, no es que lo diga yo, pero creo que se estaba logrando casi a la perfección el cometido de llevar la cosas con cordura.

El sacerdote seguía hablando y yo pensaba en lo campeona que era por saber sacarle provecho a los tiempos de adversidad.

Cuando mi mente volvió a la meditación, él explicaba que la cosas que hacíamos antes del encierro, era lo que a fin de cuentas nosotros poníamos como prioridad en nuestra vida… y al final, eso nos esclaviza, no nos hace libres.

Me cayó de sopetón. De pronto dejé de darme palmaditas de felicitación en la espalda.

Yo, en mi vida diaria, corro tanto, me ocupo tanto, me meto tanto en mis horarios, que tengo una lista enorme de cosas por hacer. Poner palomitas en cada renglón de esa lista es como sacarme una medalla de oro. Tengo tantos y tantos afanes a los que les doy prioridad…

¿Eso me hace más libre? ¿O soy más libre estando en casa?

Sabio el sacerdote. Me llego al corazón todo lo que dijo. Sin lugar a dudas y sin temor a equivocarme, soy más libre ahorita. Soy más libre que nunca.

Eso nos lleva al segundo punto. Si en realidad me siento así, ¿también será por que vivo mi verdad fielmente? ¿La verdad que nos hará libres? ¿La verdad de la que Dios nos habla? ¿Me atrevo a echarme un clavado en lo profundo de mi ser y analizarme con sinceridad y sin prisas? ¿Soy realmente su discípulo? ¿O lo hago a medias? ¿Soy fiel a su palabra? ¿Conozco de corazón las cosas de Dios? Y lo más importante… ¿Las sigo para conocer la verdad?

Lo hemos escuchado un millón de veces, pero ahí va de nuevo: Busquemos la verdad y la verdad nos hará libres.

¡Ánimo!

T.Armenta