-“Tania, aquí estoy.”

-“Ya lo sé.”

-“Voltéame a ver. Aquí estoy.”

-“Sí, sí. Dime.”

Estoy acostumbrada a ser yo la que habla y a ser la protagonista de nuestras conversaciones. Me pregunto si no se cansará de mi misma cantaleta, teniendo tantísimas cosas que hacer.

Guarda silencio y con paciencia espera a que ponga atención. Sin embargo la que empieza a hablar soy yo.

– “De hecho yo traigo una lista de cosas que me encantaría consultar contigo. Pero vamos. Dime tu primero. Te escucho.”

-“Te quiero decir algo importante.”

-“¿Ahorita?”

Espero no haber hecho algo mal. Que pena. Es una buena relación, pero sin duda soy la que menos aporta.

-“Te traje esto. Ten.”

Me da una caja blanca con un moño rojo enorme. Empiezo a abrir mi regalo y con sospecha dirijo mi mirada hacia Él sin saber a qué viene todo esto. Sonríe con ojos tiernos y asiente con la cabeza. Quito la tapa y veo el contenido.

-“Uffff… ¡me encanta! pero…. ¿Y por qué me lo das así ?”

-“¿Por qué no? Te lo doy todos los días.”

-“Sí, sí. Solo que hoy viene en una envoltura especial.”

-“Bueno… es que hoy es un día especial.”

Pienso unos instantes y empiezo a entender. Lo volteo a ver con una ceja levantada y casi acusadora.

-“¡Eres de los que dá regalos para usarlos Tú!”

Se ríe.

Brinco de mi silla para darle un gran abrazo, de esos que no te quieres despegar. Me conmuevo y no me contengo. Siento las lagrimas venir. Estoy agradecida hasta lo más profundo y se lo digo.

-“¡Tus manifestaciones más claras han venido siempre de ella!”

-“Ya me habías dado la gracias antes.”

-“Sí… pero hoy es un día especial.”

-T.Armenta

Mamá, este post es para ti. Tú eres mi regalo. Él me lo dió y se ha manifestado a través de tí de las maneras más increíbles. Gracias por estar cerca de Él y dejarme verlo en todas tus acciones y tus palabras… y cuando estoy muy atenta, se me figura verlo hasta en tu ojos. Te quiero muchísimo. ¡Feliz día de las madres!

PD- No se de que año será esa foto ni que estábamos haciendo pero es de mis favoritas.