La libertad de “yo hago lo que quiero, cuando quiero y como quiero”, es la más fácil de todas. Requiere cero esfuerzo, la que yo llamo la libertad del débil. Yo he caído en esa muchas veces.

Lo que no me daba cuenta, es que para ser lo feliz que quiero ser, lo plena que quiero que mi vida resulte y tener la paz que tanto nos hace falta estos días, sólo basta que mi libertad coopere.

Que mi libertad no se quede corta por flojera, por falta de compromiso o por comodidad. Para tener una libretad de verdad, hay que arremangarnos las mangas, echarle ganas y meterle tantita cabeza. Hay que saber que somos dueños de nuestra voluntad para hacer ciertas cosas y que no las hacemos sólo porque se nos permite.

Tenemos la libertad de tomar la decisión más prudente, libertad de escuchar aunque a veces no nos guste, libertad de ser constantes en nuestros propósitos y proyectos, libertad de querer entender lo que se espera de nosotors. En mi caso, libertad de poner a Dios como prioridad, libertad de escucharlo y lo más importante, libertad de poner en acción lo que Él me enseña.

Total que hasta la libertad cuesta.

Lo que no es permitido es la libertad del cobarde. La libertad del que la usa sin importarle si daña o causa angustia a otros con tal de obtener una ganancia.

Que esta situación de pandemia no nos pesque desarmados. Mientras que la humanidad entera trata de salir adelante apoyándose unos en otros y sacando lo mejor de si, hay quienes aprovechan estas circunstancias tan delicadas para hacer uso de su libretad de la manera más baja. No seamos presas ni permitamos que nos quiten la paz. A veces es difícil pero se puede.

“Liberty means responsibility. That’s why most men dread it.” -George Bernard Shaw

—T.Armenta