Pienso que es sólo su manera amable de decir que era medio necia. Mi mamá me ha dicho que lloraba mucho cuando era niña. Para mi fortuna, ni me acuerdo .

Yo aprendí a llorar de verdad el día en que me convertí en mamá. Lloré de emoción cuando nacieron. Luego lloraba porqué estaba cansada y desvelada. Después lloraba cuando se enfermaban. Siguió la lloradera en el festival del día de las madres, y que decir cuando alguna se rompió un hueso o se iban de campamento, y así sucesivamente.

Si las lágrimas no fueran infinitas, yo ya me hubiera acabado las que me tocaban sin duda y hasta hubiera pedido prestada una porción de las de alguien más.

Mis lágrimas hoy en día por lo general son atrás de la puerta. Son un poco más profundas que cuando las dejé en el kinder en su primer día de clases. Lloro cuando las veo tristes. Lloro cuando las tengo que castigar. Lloro cuando no se que hacer o que consejo dar. Lloro cuando siento que no las puedo consolar. A veces también lloro cuando rezo y me pregunto si lo que estoy haciendo es lo que Él pretendía cuando me las dió.

Y lo más interesante de todo… lloro cuando yo las hago llorar. Que chulada. Me pregunto cómo el papá no ha perdido la cordura en una casa llena de mujeres.

Mi mamá dice que educar duele y vaya que sí.

Total pareciera que me la paso llorando. Pero es que muchas de las veces también es de felicidad. Cualquier mamá siente la satisfacción de los logros de sus hijos aún más que ellos mismos.

No había notado que era yo el “chistecito” de mi casa hasta hace poco que mi benjamina sacó un premio importante. Antes de que pudiera reaccionar, escuché un “ya va a llorar” de alguien de mi familia y luego risitas en el fondo. Dijeron por el micrófono el nombre de la criatura y ella pasó contenta a recibirlo. Sonrió para la foto y listo. Me lo dio a guardar. Yo, en cambio, me arranque llorando como si la hubieran beatificado en vida.

Pues sí… sí voy a llorar.

Hoy es día de Santa Mónica. No ahondaré en detalles pero creo que sus lágrimas y plegarias son las más famosas. Yo estoy lejisisísimos de ser santa pero… ¡Ah cómo lloro y pido y hago honor a su nombre! Supongo que ella en algunas ocasiones también lloraría de felicidad y orgullo por sus hijos como yo. Esas lágrimas son incomparables. ¡Que amor tan grande y cuantas satisfacciones nos dan los hijos! Es más, aquí aplica otravez el “ya va a llorar”.

>> A mis hijas: Niñas, las amo con todo mi corazón aunque las haga llorar y aunque me vean llorar. La mayoría de las veces es de amor, aunque confesaré que a veces es de arrepentimiento por haber pensado en ahorcarlas una que otra vez. Son mi vida entera y vivo para ustedes. Pido interseción a Santa Mónica para que yo sepa llevarlas por el camino correcto al cielo.

-T.Armenta